Instituciones de lector y acólito

​Si alguno habla que sean palabras de Dios: si alguno presta un servicio hágalo en virtud del poder recibido de Cristo. 1 Pe 4, 11; 
La primera carta de Pedro,  expresa de forma sencilla la celebración que vivimos el pasado domingo 12 de Marzo. La institución de Ministerios de Lector y Acólito de 9 hermanos seminaristas, en la Iglesia del Seminario Metropolitano San Braulio y San Valero, es motivo de alegría.  

Uno puede preguntarse “Lectores y Acólitos, ¿qué será eso?” son ministerios instituidos de forma especial, por parte del Obispo. El lector tiene la función de leer la Palabra de Dios en celebraciones litúrgicas, anunciar la buena nueva de la salvación y educar en la fe a los niños y a los adultos, preparándolos para recibir dignamente los sacramentos. La función de Acólito, por su parte, es participar de modo particular en las celebraciones litúrgicas de la Iglesia, ayudar a los presbíteros y diáconos en su ministerio, y distribuir como ministro extraordinario la Sagrada Comunión a los fieles, incluso llevarla a los enfermos. Estos Ministerios son un paso importante en la vida de quienes nos preparamos para ser sacerdotes, ya que hace parte de nuestra configuración con Cristo sacerdote.

Desde el primer instante en que se me comunicó que recibiría los ministerios, mi reacción fue de alegría puesto que es un avance significativo en mi proceso formativo hacia el sacerdocio ,entendido como servicio y entrega a los demás, es decir, ser para los demás.

A medida que pasaban los días, se me venían a mi mente una serie de imágenes del verano de 2011, época en la cual llegué a Zaragoza y comenzaba el primer curso en el seminario. Fui testigo del  camino que recorrieron  mis compañeros seminaristas mayores, de su  alegría y avance en su camino al sacerdocio. Y hoy esos momentos los vivo yo, desde mi propia experiencia. Han brotado muchos sentimientos: de alegría, de esperanza y de gratitud a Dios por haberme llamado y darme la fuerza, la perseverancia y la fidelidad al don.
El domingo recordé especialmente a mi familia que se encuentra en  Colombia, ellos me acompañaron con sus palabras de ánimo y gozo por este paso. Recuerdo especialmente a mis padres que desde la distancia me dieron su bendición: “hijo mío Dios te Bendiga, rezamos por ti y por tus amigos en este día y damos también gracias a Dios porque eres feliz”.  Palabras que me conmovieron y emocionaron.

Quisiera dar las gracias a todos los que nos acompañaron en la celebración eucarística, donde fuimos instituidos por parte del Sr. Arzobispo D. Vicente Jimenez, a quien agradecemos su cercanía. 

Sentí de manera especial la oración de todos ustedes, la realizada en cada parroquia donde he colaborado, gracias a los amigos sacerdotes, religiosos y diáconos que nos acompañaron y de manera especial a todas las personas que son para nosotros esa familia que cada día nos acogen en esta tierra  Aragonesa.

Evertz 

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