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Diario de un formador

Hola amigos… un poco cansado, pero termino el día escribiendo este diario.

Me piden que narre en unas líneas lo que ha sido esta semana. No resulta fácil porque ha sido esta última una semana muy intensa. Quien escribe, Juan Sebastián, forma parte del equipo de formadores del Seminario como director espiritual y comparte esta tarea con la de párroco en San Miguel de los Navarros. Sí, se trata de una semana especial porque en esta semana hemos tenido la fiesta de la parroquia, el día 29 viernes.

Comenzaba la semana con su ritmo ordinario de lunes: despacho parroquial, acogida de cáritas, organización de la semana… El martes, junto con el jueves, son los días que suelo estar más presente en el seminario. Allí tengo ocasión de hablar con los seminaristas y realizar la siempre apasionante y difícil tarea de acompañar para buscar entre todos la voluntad de Dios para nuestra vida y misión.

Tenemos nuestra reunión de formación, celebramos juntos la Eucaristía y, los martes, compartimos esta jornada de especial sabor comunitario. A veces jugamos juntos al fútbol o echamos una partida de cartas.

El miércoles me estrenaba con los niños que participan de la catequesis de iniciación cristiana en la parroquia y que van a recibir la primera comunión. Tuvimos nuestra primera reunión del curso y el encuentro con los padres, pusimos todo este año catequético en manos de Jesús y María.

El jueves, ya víspera de la fiesta de la parroquia organizamos una visita especial al templo y al trasagrario. Nuestra iglesia parroquial tiene una larga historia y un gran patrimonio artístico y cultural. Para descubrirlo y oír tocar la “campana de los perdidos”, de la mano del grupo Gozarte, organizamos una visita muy interesante.

Y llegó el gran día, la Iglesia vestida de fiesta, las puertas de la parroquia abiertas durante toda la jornada. Por la tarde la celebración de la eucaristía, muy participada y con gran afluencia, una auténtica gozada. Descubrimos que somos una gran familia, que San Miguel intercede por nosotros y que sale en nuestra defensa, para plantar cara al “mal” y al pecado en nuestra vida, para trabajar en la construcción de la civilización del amor. El colofón el sábado lo puso un concierto de música clásica con jóvenes intérpretes.

Finalmente, el domingo, el día del Señor, el día de la comunidad, compartimos un sencillo vermouth parroquial para cerrar los actos programados por la fiesta del titular de nuestra parroquia. En medio de todo, el sábado, con nuestro Arzobispo, participamos del Encuentro Diocesano de Pastoral en el que se nos invita a edificar una Iglesia de puertas abiertas y a desarrollar una pastoral misionera que lleve a todos la alegría del Evangelio.

¡Quién como Dios! Reza el lema de san Miguel. Nada como su amor, que los ángeles os guarden. Un abrazo a todos.

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