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¿Cómo saber si Dios te llama?

Todos nos hemos preguntado alguna vez eso, ya sea exactamente ¿será que Dios me llama? O también indirectamente ¿yo para qué sirvo? – que evidentemente es muy similar-.

En primer lugar debemos orar para poder decir como San Pablo “Señor qué quieres de mí” (Hch 22, 3-10.) No es cosa fácil ni sencilla saber qué quiere Dios de nosotros o qué quiere que hagamos. Nadie sabe de buenas a primeras cuál es su vocación y, mucho menos, la misión a la que Dios lo llama. Todo esto se va descubriendo gradualmente, bien dijo Benedicto XVI en la misa con los seminaristas de la JMJ Madrid 2011 en “La Almudena”: “Nadie elige el contexto ni a los destinatarios de su misión”.

El descubrimiento de la propia vocación suele ser fruto de un proceso de larga y difícil maduración. Se vive siempre en el filo de la incertidumbre, lo que demuestra cuán libre es el hombre en su respuesta al Dios que lo interpela. Y Dios acepta de buen grado que el hombre repiense sus decisiones y las revise.

Luego hay que estar muy atento a lo que Dios nos dice al corazón: se recomienda tener un muy buen confesor o un sacerdote amigo que pueda aconsejarnos y distinguir entre lo que es real y lo que es imaginario (tus dudas sobre “cómo sería tu vida si…”).

No conviene vivir inmediatismos, las cosas de Dios tienen su tiempo y se dan cuando Él quiere, como Él quiere y dónde Él quiere, así que la ansiedad es el peor enemigo.

Cuando nos sentimos interpelados por algo, solemos averiguar cómo funcionan las cosas.  Tú sabes ¡la curiosidad! Así que si de verdad quieres resolver, tienes que seguir el consejo de Cristo: “Venid y veréis” (Jn 1, 38-39). Ve y visita el seminario. Conoce a los seminaristas, su vida, sus inquietudes, sus planes. Y así, conociendo la vida ahí, quizás descubras que “has llegado a casa” o que Dios te llama por otro camino.  Y esto vale para cualquier otra cosa, si quieres ser (médico, odontólogo, arquitecto, comunicador social, etc.) ve, e imprégnate de ello a ver cómo es la cuestión.  Es conveniente que en el caso de la vida religiosa no solo te quedes con la óptica de los llamados a la vida consagrada.  La parroquia te puede ayudar a dialogar con personas casadas, con matrimonios, para ver también si estás llamado a eso.  No hay que cerrarse a posibilidades. Además, no tengas miedo porque el Señor te dará las capacidades necesarias para desempeñar la misión a la que te llama.

Y ojo, no esperes una visión o una comunicación extraordinaria de Dios; Pon los medios que estén a tu alcance para realizar lo que vas descubriendo como la voluntad de Dios en tu vida. En todo esto, mantente cerca de la Virgen María y pídele que te enseñe a “hacer todo lo que Él (Cristo) diga”, como hizo en las bodas de Caná.

L.F. N (Seminarista)