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Cada
persona está llamada a realizarse, consciente de lo
que uno es y de lo que su vida implica para la
humanidad. Cuando esta imagen de sí mismo es
imprecisa o se difumina, las nieves del corazón se
derriten y uno experimenta que va perdiendo las
ganas de vivir. Esa respuesta a ser y ser en
plenitud es una primera exigencia vocacional. Es la
vocación a ser persona.
EL
ÁRBOL
Narrador:
Aquí tengo ante mis ojos los misterios vegetales de
la altura. Los árboles. Anclados en solitaria
llanura o hermanados en la espesura de un bosque.
Lector 1:
Aquel quebracho de llanura solitaria. Aquel grupo
arrullador del caserío. Aquel bosque, mancha negra
al pie del cerro. Y la hilera guardiana junto al
río.
Todos:
Son los árboles, los árboles, los árboles.
Lector 2:
Los serios cipreses, centinelas del tiempo. Los
álamos verdes, cascaveles sedientos. Los pinos
altivos, pulmon del verano. Los sauces llorones,
melena del viento.
Todos:
Son los árboles, los árboles, los árboles.
Narrador:
Mira aquellos árboles meneados por el viento de la
tarde. Siempre balanceando sus cabezas como
maldiciendo su suerte de forma solapada. Allá en la
altura maldicen su destino.
Arbol:
¿Nunca podré descubrir nuevos horizontes. No podré
conversas con otras gentes!
Camino:
¿Qué conversas, amigo árbol? Tu voz parece un
lamento y tu movimiento un llanto.
Arbol:
Amigo camino, ¿no tienes lástima de mí? ¿No me
compadeces eternamente anclado como velero
inservible, como cautivo de un ciego destino? ¿No es
terrible el vivir eternamente sujeto a mis raíces,
como prisionero en un planeta maldito?
Camino:
¿Quién te llenó el corazón de tan negros
pensamientos? Yo no creo que el suelo sea tu
carcelero. El suelo es la fuente de tu salud y el
apoyo de tu elegante figura.
Arbol:
¡Maldigo mi suerte y envidio tu destino! Eres un
camino. El camino es siempre una fuente de novedad y
de placer. Tú avanzas, descubres, conoces y
conduces. Yo vigilo estúpidamente una tierra sin
enemigos. ¿No habrá para mí una vocación de
emigrante?
Camino:
Sí, por supuesto. Tendrás tu vocación de emigrante.
Arbol:
¿Y cuándo podrá ser eso?
Camino:
Mañana tendrás la oportunidad, aprovechando el viaje
de uno de tus hermanos. Tu vecino, el árbol de la
ladera.
Arbol:
¿Mañana?
Camino:
Sí, de mañana.
Narrador:
Al rayar el alba, los ruidos de las máquinas
estremecieron el suelo. La sierra mecánica visitó al
elegido. Nuestro árbol, el árbol descontento,
contemplaba atónito los preparativos de aquel viaje
sin retorno. Cayó manso y con un leve gemido,
sacudiendo el ramaje, estrechó su cuerpo con la
tierra.
Y
comenzó el viaje y el reparto: sus carnes olorosas
fueron quedando a lo largo del proceso maderero. Y
el recio corazón del vegetal, prolongó su acción
benefactora.
Arbol:
¿Es la muerte el viaje que me espera?, ¿será verdad
que tengo algún valor?, ¿que sirvo para algo? ¿Cuál
es, al fin, mi vocación? ¿Quién sabrá decirlo?
Todos: El
árbol quieto.
Un
ser siempre sujeto.
En
vida y en salud, no es peregrino.
Pero
en la muerte, inicia el viaje y el reparto.
Su
vocación es crecer, es su destino.
Camino:
Tu
destino es crecer, ya lo has oído. Eres la sombra,
el fruto, el frescor. Eres la belleza del paisaje y
el pulmón de nuestra tierra.
Arbol:
¿No soy, entonces, un velero anclado con velas
cansadas?
Camino:
No, amigo. Tu bondad vegetal aventaja a esos sueños
de emigrante que te quitan la alegría de vivir.
Crece, árbol, crece. Tu camino es hacia arriba.
Arbol:
¡Mi vocación, crecer, es mi destino!
Camino:
¡Tu vocación, servir, es tu destino!
Arbol:
¡Mi camino, ascender, soy peregrino!
Camino:
¡Peregrino del bien, es tu camino!
Todos:
Tu
vocación, crecer, es tu destino.
Tu
vocación, servir, es tu camino.
Tu
camino, ascender, buen peregrino.
Peregrino del bien, es tu camino.
PISTAS PARA EL TRABAJO:
1.
Lee pausadamente esta parábola.
2.
Reflexiona sobre los diversos elementos que plantea:
-
Variedad de "árboles";
-
desánimo y sin sentido de la vida;
-
dónde y cómo se encuentra el sentido de la vida;
-
realización personal;
-
vivir la vida como vocación.
Y
trasládalo a tu vida personal y profesional. |